Messerschmitt
Me 262
Todo empezó cuando Hitler estaba
obsesionado con la idea de lograr el bombardero a reacción supremo,
cuando lo que realmente necesitaba era un caza que pudiera arreglárselas
bien con la gran cantidad de bombarderos aliados que causaban la
devastación diaria en los complejos industriales de Alemania. Si el
Sturmvogel se hubiera introducido en el momento justo y en la cantidad
adecuada, bien podía haber logrado dominar los cielos alemanes y hubiera
prolongado la duración de la guerra.
No solo fue la obsesión de Hitler por lograr su
bombardero a turboreacción lo que hizo que el proyecto se retrasara
debido a sus constantes interrupciones,
el principal inconveniente fue el retraso en lograr un turborreactor
fiable. El proyecto se inició en 1.938, pero los primeros
turborreactores no llegaron hasta noviembre de 1941. Finalmente en 1944
el 262 consiguió entrar en combate contra la aviación enemiga, pero en
contra de la opinion popular, el 262 no fue el primer reactor del mundo
en volar, ya que dicho honor corresponde al Heinkel 178
Las virtudes del 262 eran sencillas: una velocidad superior y un potente
armamento. Como interceptor era inigualable. Además, marcó el inicio de
una nueva era en aviación. Bastante rápido a más de 870 km/h. Llevaba
cuatro cañones de 30 mm en el morro, lo cual le proporcionaba la
potencia suficiente como para derribar los mejores bombarderos aliados.
Solamente 100 aviones entraron en combate, y de éstos algunos fueron
derribados, mientras el resto dejó fuera de combate a más de 100 aviones
enemigos.
