Messerschmitt Me 163 Komet
El Me-163 fue el avión más extraño que se vio en
acción en la Segunda Guerra Mundial, Con su fuselaje corto y
achaparrado, y sus alas echadas hacia atrás, sin superficies
horizontales de cola, el Komet disponía de dos líquidos propelentes de
cohete que entraban en ignición cuando se ponían en contacto. Tanto en
apariencia como en funcionamiento, su tecnología era futurista, incluso
estrafalaria. En el ambiente científico de la época, enormemente
competitivo. Todavía no estaban preocupados porque ni Francia, ni
Inglaterra, ni los Estados Unidos trataron de desarrollar algo
remotamente parecido al motor del Me-163. A pesar del radical diseño del
Komet, la idea de disponer de un interceptor de corto alcance con motor
de cohetes era bastante razonable, y los aliados tuvieron bastante
suerte de que el Komet tuviera tantos problemas como tuvo. El mayor
problema del Me-163 era el aterrizaje. Al no disponer de tren de
aterrizaje, los pilotos tenían que aterrizar sobre un patín, y si el
avión rebotaba demasiado, los líquidos propelentes que quedasen se
derramaban y el avión explotaba. Sin embargo, en el aire el Komet
funcionaba perfectamente, y en 1944 causó un fuerte número de bajas en
los bombarderos aliados con sus dos cañones de 30 mm. Los frecuentes
accidentes asociados casi exclusivamente con los líquidos propelentes
los mermó bastante en número. Sólo unos 370 Me-163 entraron en la acción
y de ellos únicamente unos pocos fueron derribados. Su enorme velocidad,
que alcanzaba medias de 950 km/h, hacía imposible que fuese alcanzado
por un avión enemigo. El resto o bien explotaron en el aterrizaje o bien
ni siquiera llegaron a entrar en combate
